Avanza el otoño y, con los días más frescos y la tierra ya humedecida por las tormentas, se abren las últimas flores del año, los azafranes silvestres (Crocus serotinus). Nacen de bulbos, como tantas otras flores de los pastizales mediterráneos; pertenecen, por tanto, al biotipo de los geófitos en la clasificación de Raunkiaer. En algunos geófitos, como por ejemplo el azafrán, ocurre algo extraño: las flores se abren antes de que las hojas se desarrollen completamente. Estas plantas se llaman histerantos, en contraposición a los sinantos, que florecen con hojas ya bien desarrolladas. ¿A qué puede deberse esta condición? ¿Y por qué se abren tan tarde sus flores?Para buscar respuesta a estas preguntas, partamos de que en un día soleado casi todos los azafranes tienen abejas alrededor. A menudo incluso las abejas pasan la noche dentro del azafrán, donde la temperatura es más agradable. Es decir, los pocos insectos que son buenos polinizadores y que aún quedan vivos a estas alturas del año acuden al azafrán casi desesperadamente, porque... ¡es la única flor que hay! Debido a esto, los azafranes juegan con ventaja a la hora de ser polinizados: ninguna otra flor les hace la competencia por los insectos. Así, para producir semillas les basta con abrir una flor al año por bulbo, con lo que ahorran nutrientes y energía. Por todas estas razones, se cree que la selección natural ha desplazado la época de floración de los azafranes, y sorprendentemente lo ha hecho adelantándola hasta pasar del inicio de la primavera al invierno y, dado que durante éste no hay abejas, de ahí al otoño, en el que, aunque no tengan hojas desarrolladas, las reservas alimenticias de su bulbo subterráneo les permitirán florecer. Es curioso pensar que, entonces, los azafranes no son en realidad las últimas flores de la temporada, sino las primeras de la siguiente, ¡las más adelantadas de todas!
Encontraremos en nuestro monte otras flores que han optado por abrirse en épocas del año más bien poco propicias al crecimiento vegetal, pero eso será dentro de varios meses. De momento, un apunte etnobotánico como final: estos azafranes silvestres se llaman en la zona "arrendajos", porque imitan ("arriendan", en la sabrosa jerga comarcal) las flores del azafrán cultivado, la rosa del azafrán que dio nombre a la única Zarzuela ambientada en La Mancha y cuyo cultivo es, cada vez, más y más escaso...



Más tarde descubrí que estas cigarrillas-espina se llamaban Centrotus cornutus, una de las tres especies europeas de una familia eminentemente tropical: los 
Hoy como hace siglos, las cogujadas comunes (Galerida cristata, izda.) corretean por los caminos polvorientos, apartándose de los coches con una rápida carrera cuando casi están a punto de atropellarlas. De ahí su nombre manchego, "pájaras tontas", que revela una opinión muy discutible sobre su inteligencia cuando uno se percata de que lo que buscan es alimentarse de los insectos que chocan contra el parabrisas y caen al suelo aturdidos. Su segundo nombre, "pájara moñuda", suena casi igual de manchego pero más descriptivo, y mucho más internacional por su semejanza con el nombre inglés del pájaro, crested lark. Sin embargo, pocas veces se ven cogujadas en Inglaterra, lo cual es chocante cuando sí que crían en el Norte de Francia. Parece que la respuesta está en que 

La cazadora es Tachytes europaea; su víctima, Dociostaurus jagoi occidentalis. El saltamontes más común del ecosistema en verano, y su captor especialista, cuyo ciclo vital es el de un 