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12 noviembre 2011

Terrible caracola

Llegó la época del año en que más me gusta curiosear quién vive debajo de las rocas. Porque la lluvia despierta a la fauna lapidícola del matorral mediterráneo, y siempre hay alguna sorpresa que encontrar. A veces la sorpresa no estriba en dar con una especie, sino en observar algún episodio de su modo de vida, sobre todo en el caso de algunos animales frecuentes y de aspecto un tanto anodino. En la ilustración tenemos una caracola de lo más común en los montes secos ibéricos, Rumina decollata, el decollate snail de los anglosajones, una especie originaria de la región mediterránea. Es inconfundible por su concha en forma de cono con el ápice truncado, y se trata de la caracola más común en nuestro ecosistema, junto con la insólita Jaminia quadridens, mucho menor. ¿Quién podría sospechar, a primera vista, que la discreta Rumina es un carnívoro voraz?

Este depredador a cámara lenta no sólo come otros caracoles y babosas, sino también sus huevos, y lombrices, y otros invertebrados fáciles de atacar. No caza a sus presas, simplemente se las va comiendo a base de rasparlas con su "lengua", la rádula, una lámina de quitina repleta de dientes diminutos que la hacen áspera como un papel de lija, convirtiendo a esta caracola en el depredador con más dientes de todos los del paraje. Esta "terrible caracola" también rae materia vegetal y restos descompuestos, pero su capacidad de eliminar a otros caracoles le ha ganado la fama de aliado del agricultor. Sobre todo fuera de España, donde Rumina se emplea como agente de control biológico de caracoles.

En California, por ejemplo, la introdujeron deliberadamente en naranjales, durante los años 1970, en un intento de controlar las plagas de otra especie mediterránea de caracol, Helix aspersa. ¿Funcionó la idea? Las pruebas no son concluyentes, y además puede que nuestra caracola contribuyera al declive de especies interesantes de caracoles autóctonos. Ese declive ha ocurrido ya en las Bermudas, y los culpables parecen ser caracoles carnívoros invasores, entre ellos Rumina. En estas islas el desatino ecológico ha alcanzado cimas grotescas: para acabar con las Rumina, que eran consideradas como una plaga para las plantas, trajeron a otro caracol carnívoro, Natalina cafra, y así añadieron otro enemigo para la fauna autóctona de caracoles. El peligro potencial de Rumina para otras especies de caracol se ve aumentado por su gran capacidad de colonizar nuevos territorios. Por ejemplo, llegó a Norteamérica hacia los años 1820, quizás a bordo de hortalizas importadas; y ahora está "invadiendo" Argentina. A pesar de todo esto, si buscáis en la web veréis que venden lotes de Rumina como antiplagas ecológico para jardines y cultivos...

Nuestra terrible caracola me hizo pensar que la región mediterránea es una máquina de producir especies invasoras. Recordé que la mayoría de las "malas hierbas" hoy cosmopolitas tienen origen mediterráneo (referencia: aquí). ¿Acaso nuestras condiciones climáticas, o biológicas, favorecen la evolución de especies muy invasivas? Quizás... pero de momento quedémonos con ese inesperado paralelismo entre Rumina y las plantas mediterráneas, porque esa sólo es su primera similitud. La segunda estriba en la reproducción: las Rumina, hermafroditas, no suelen aparearse, al contrario que los demás caracoles, sino que la mayoría de las veces... ¡se autofecundan! Así basta con una caracola para originar una población entera, como ocurre con muchas plantas que tampoco necesitan cruzarse con otra para dar semilla. Tal vez esto les permite invadir mejor y tener una distribución mundial muy amplia, acercándose a las distribuciones amplísimas de las bacterias. Como Rumina, las bacterias sólo intercambian genes esporádicamente, en lo que podríamos llamar sexo. Como las bacterias, Rumina difícilmente se ajusta al concepto usual de especie, basado en que los organismos de una misma especie se reproducen sexualmente entre sí.

En nuestro matorral habrá pocas especies de caracoles, pero desde luego no tienen desperdicio para cualquier naturalista curioso.

Gracias a Jesús Dorda por facilitarme la guía que me despertó la curiosidad por esta especie.

26 octubre 2009

Giro a la izquierda

Siguen cayendo, cada pocos días, las lluvias del otoño, y en el suelo ya humedecido se despierta una fantástica variedad de pequeños seres. Durante el verano han permanecido ocultos, bajo tierra, o entre las grietas de las rocas, a salvo de morir deshidratados, pero ahora, por fin, llegó su turno. Levantemos con cuidado algunas piedras, y descubramos a estos secretos habitantes del mundo subterráneo...

A menudo encontraremos pequeños objetos fusiformes que a primera vista parecen crisálidas de mariposas pero que, a través de la lupa de campo, revelan ser caracolas. Como es natural, en un hábitat tan seco como el monte mediterráneo un grupo como los moluscos no encuentra las condiciones más favorables, lo que se refleja en que sólo hay tres o cuatro especies de caracoles en nuestras 25 hectáreas... Y sin embargo, esta diminuta caracola resulta extraordinaria. Si miramos detenidamente su concha, veremos que está enrollada en sentido contrario al avance de las agujas del reloj (lo cual se aprecia tanto de abajo a arriba como de arriba a abajo). Esta clase de enrollamiento de la concha se denomina levógiro ("hacia la izquierda"), en contraposición al dextrógiro, que resulta ser la norma entre los caracoles.

¿Y por qué nuestra caracola, Jaminia quadridens, se ha empeñado en enrollarse hacia otro lado, llevando así la contraria a casi todas las especies de su familia, los Enidae? La respuesta seguramente debe de estar en sus genes, ya que en otras especies de caracoles el sentido del enrollamiento está determinado genéticamente. En el pasado remoto, una mutación levógira debió de fijarse en la población que originó a todas las Jaminia actuales, así que estamos ante un cambio evolutivo y aquí llegamos a lo que esta caracola puede enseñarnos (o recordarnos): que no todo en la evolución se debe a la selección natural. Sin duda la selección natural es muy importante como explicación de la forma y función de los seres vivos, pero no lo es todo, primero nos lo aclaró el propio Charles Darwin y más adelante Gould y Lewontin en este famoso artículo. En el caso de Jaminia, ¿qué ventaja o inconveniente puede haber en tener la concha enrollada hacia un lado o hacia otro? Yo desde luego diría que da exactamente igual, en todo. Pero hasta las características irrelevantes como ésta pueden cambiar con la evolución. No mejorarán la adaptación del organismo a su entorno, ni la empeorarán, pero así y todo ocurren. Y si buscáramos ejemplos, los encontraríamos, incluso... bajo las piedras.

Más sobre Jaminia en: Caracoles Terrestres de Andalucía (Fundación Gypaetus).