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14 noviembre 2012

Delicioso parásito

Llegó el tiempo de la seta de cardo, y cada mañana los seteros que recorren las alfombras verdes de hierba recién nacida bajo la niebla son la pieza final de una larga y extravagante historia de evolución. Remontémonos unos 800 millones de años hacia el pasado; por entonces, la tierra firme era todavía un desierto solamente habitado por microbios y por algunos hongos que vivían de descomponer los escasos restos que dejaban las algas del verdín sobre la roca y el suelo. Miles de siglos después, hace unos 450 millones de años, ya había primitivas plantas creciendo junto al agua, erguidas gracias a la rigidez que les otorgaba una sustancia especial de sus células: la lignina, esa filigrana de anillos de átomos de carbono que hoy todavía sigue dando su consistencia a la madera. Al extenderse las plantas sobre tierra firme, la lignina se tornó abundante como residuo vegetal, y los hongos no desaprovecharon la oportunidad de alimentarse de ella. Desarrollaron eficaces sistemas moleculares para digerir la lignina, y hasta tal punto llegó la avidez de algunos hongos por la materia vegetal que empezaron a consumir a las plantas todavía vivas. Entre estos parásitos se cuenta nuestra seta de cardo, que vive a costa de ir pudriendo las raíces de ciertas hierbas de la familia Umbelíferas - no confundir con la versión cultivada, la falsa seta de cardo de la madera (Pleurotus ostreatus), de sabor muy inferior y que crece en los tocones formando parte de los hongos de la llamada "podredumbre blanca" de la madera.

Bajo lo que conocemos por seta de cardo (la de monte) se esconde un complejo grupo de especies y variedades de hongos cuyo aspecto y sabor resultan virtualmente idénticos. La diferencia radica en que cada variante de la seta de cardo se ha especializado en parasitar cierto tipo de umbelíferas de su área nativa de distribución, que es la cuenca mediterránea y sus alrededores. Así, Pleurotus ferulae infecta las raíces de la vistosa Ferula communis, mientras que Pleurotus eryingii hace lo propio con las del cardo corredor o setero (Eryingium campestre). Bajo tierra, esta seta despliega los filamentos algodonosos de su micelio, una pelusa viviente que va segregando enzimas digestivas llamadas lacasas, las cuales poco a poco hidrolizan la lignina de las raíces del cardo setero. Muchos cardos sucumben ante la infección por parte del hongo, que sería por tanto un parásito letal, un parasitoide. Pero otros cardos seteros resisten de algún modo, y estos supervivientes experimentan un misterioso cambio de sexo. Al parecer, ciertas sustancias que produce el hongo esterilizan la parte masculina (polen) de la planta. El cardo pasa así a convertirse en una planta hembra, a efectos prácticos, ya que sólo serán fértiles los óvulos de sus flores. En esto la seta de cardo recuerda a la bacteria Wolbachia, que vive dentro de numerosos insectos a los que convierte en hembras.

Pero parece ser que las consecuencias de esta transmutación no son del todo perjudiciales para los cardos seteros. Pensemos que, en un terreno de setas ("rodal"), los cardos feminizados no podrán reproducirse entre sí, con lo cual el polen que los fecundará forzosamente será de plantas de otros terrenos sin Pleurotus, terrenos que estarán relativamente lejanos y que por tanto seguramente tendrán cardos con variedades diferentes de ciertos genes. De este modo, los hongos están favoreciendo una saludable mezcla genética entre diferentes poblaciones de cardos seteros. Tal vez así facilitan la persistencia de las poblaciones de estas plantas, lo cual suena lógico porque dependen totalmente de ellas. ¿Acaso está convirtiéndose la seta de cardo en un extraño simbionte de su hospedador? Los indicios apuntan a que las diferentes especies y variedades de setas de cardo han evolucionado recientemente adaptándose a distintas plantas a lo largo de la zona mediterránea y alrededores, de modo que la coevolución planta-hongo no ha hecho más que empezar en este caso. ¿Qué derroteros seguirá la historia de la seta de cardo en un futuro lejano? ¿Se convertirá en un simbionte integrado dentro de los tejidos vegetales del cardo setero, como ejemplifican los numerosos hongos endofíticos que se conocen? Quién sabe...

Por su capacidad de romper la lignina, los Pleurotus y otros hongos de la podredumbre blanca de la madera podrían ser útiles para descontaminar terrenos polucionados con hidrocarburos aromáticos policíclicos.

06 noviembre 2010

Gelatina medicinal consume terciopelo violeta

El título de esta entrada no está sacado de ninguna oscura obra surrealista, sino que, por extraño que parezca, se ciñe a la realidad, a una de esas historias increíbles de nuestro monte mediterráneo. Este es el hongo Tremella mesenterica creciendo sobre el tocón de un romero. Más concretamente, lo que vemos aquí equivale a una seta, el cuerpo fructífero con que el hongo fabrica sus esporas. Antes de producir esta gelatina anaranjada, llamada en inglés mantequilla de brujas, el hongo consiste en levaduras, células microscópicas que se desarrollan como un parásito "vampiro", absorbiendo nutrientes directamente de las células de otros hongos de la madera, hongos como el moho violeta llamado Peniophora quercina (pinchad para verlo), común en las ramas muertas de las encinas en esta época del año.

Las levaduras de Tremella que consumen este terciopelo violeta pueden ser de dos sexos distintos, pero sería muy extraño llamarlos macho y hembra, ya que son sólo células. Ambos sexos se atraen mediante sustancias químicas y al unirse dan lugar a una célula-huevo que crece hasta formar esta gelatina dorada. Hace poco se ha descubierto que tiene propiedades anticancerígenas: cuando esta extraña masa se macera en alcohol, el extracto resultante provoca la muerte de las células malignas de ciertos tipos de cáncer de pulmón. ¿Qué otras sorpresas medicinales nos aguardarán entre toda esta biodiversidad ignorada del monte mediterráneo? Y pensar que para muchos todo lo que no sea caza o cultivos debe ser eliminado de la naturaleza...

Basado en estas fuentes:
Chen et al. (2008) Induction of apoptosis in human lung carcinoma A549 epithelial cells with an ethanol extract of Tremella mesenterica. Bioscience 72:1283-1289.
Sakagami et al. (1981) Peptidal sex hormones inducing conjugation tube formation in compatible mating-type cells of Tremella mesenterica. Science 212:1525-1527.

Más sobre el mundo fascinante de los hongos en la guía de Marcel Bon (2005) Hongos de España y de Europa (Omega).