28 noviembre 2011

La extraña resurrección del tomillo

Se marchitaron los tomillos este verano, allá donde no había sombra que los cobijase. Llegaron al otoño pardos y quebradizos, imagen misma de la sequía. ¿Quién iba a adivinar que todavía estaban vivos? Ahora, con la tierra por fin empapada, rebrotan los tomillos, desplegando sus diminutas hojas fragantes y verdes entre las hojas muertas. Fijémonos en esas hojas secas: hay dos tipos, cortas y largas. Las cortas son hojas de verano, y las largas de primavera, porque el tomillo cambia de hoja al cabo del año. Como muchos otros arbustos aromáticos de su familia (Labiadas), el tomillo tiene dimorfismo foliar, y afronta el verano con hojas pequeñas y duras, que al ofrecer escasa superficie al viento disminuyen la pérdida de agua por evaporación.

Pero la resurrección de este tomillo (Thymus zygis) ha sido incompleta: no brotan hojas de algunas ramas que sí las tenían el año anterior (como demuestra la presencia en ellas de hojas secas recientes). Estas ramas muertas han sido las víctimas de la larga sequía de los meses anteriores. En realidad las ha matado el propio tomillo, que puede cortar el suministro de savia de aquellas ramas cuyo mantenimiento comprometa la supervivencia de la mata entera. Así, el tomillo logra concentrar su actividad en las pocas ramas que le permitan sobrevivir. Como las lagartijas, puede autoamputarse partes del cuerpo para escapar de la muerte, en este caso dejando en pago ramas a la sequía en vez de la cola al depredador. Con semejantes capacidades, no es raro que el tomillo prospere en los terrenos pobres, duros y secos de la cuenca mediterránea, desde los tomillares que dan nombre a Tomelloso, cerca de nuestro ecosistema, hasta sus equivalentes del este del Mediterráneo, los phrygana de Grecia y los bath´a de Israel. Además, el tomillo está protegido por aceites esenciales que recubren sus hojas, verdaderas sustancias multifuncionales, tan interesantes... que les dedicaremos otra entrada entera, algún día de estos...

Más datos sobre la sorprendente adaptación del tomillo a la sequía en Blondel & Aronson (1999) Biology and wildlife of the Mediterranean region, y en Shmida (1981) Mediterranean vegetation in California andhttp://bio.huji.ac.il/upload/E017-C%20%20Mediterranean%20vegetation%20in%20California%20and%20Israel.pdf Israel: similarities and differences. Israel Journal of Botany, 30: 105-123.

9 comentarios:

trotalomas dijo...

¡Menuda historia!

No conocía esa capacidad adaptativa del tomillo de "cortar el grifo" a determinadas partes para salvar la planta frente a situaciones adversas como la sequía.

Espero que no te lean los "mercados" o pensarán que lo ideal es, como quieren, recortarnos más en todo para salvar su "chiringuito". :)

¡Un placer leerte y, como siempre, aprender con tus entradas!

Saludos.

El Naturalista dijo...

Pues ya ves, trotalomas, hasta la planta más corriente puede sorprendernos. Se me pasó señalar en el post que esta capacidad la tienen otras plantas, por ejemplo, ciertos áloes arbóreos del África subsahariana. Los mercados... bueno, tendremos que decirles que no caigan en la falacia naturalista. Saludos... naturalistas.

Anónimo dijo...

¿Es posible que el intenso y delicioso olor del tomillo resida en esas hojas secas? A mí me parece que, en primavera, cuando tiene tantas hojas verdes, la planta de tomillo despide menos olor que en otoño, cuando sus hojas ya están secas.

El Naturalista dijo...

Anónimo, yo al menos noto ese olor incluso cuando los tomillos se muestran totalmente secos, al pasar la mano por ellos. En primavera la planta produce en sus hojas aceites esenciales de composición distinta a los de verano. Los de primavera podrían estar más destinados a repeler a los herbívoros, mientras que los de verano lo estarían para resistir la pérdida de agua. Por tanto, sí, los tomillos cambian su "olor" durante el año. No obstante, hay muchos polimorfismos en cuanto a estos aceites, así que dependerá mucho del caso concreto.

Honorio dijo...

Muy interesante, como siempre, naturalista. Creo que esta capacidad de prescindir de alguna rama también la debe tener el romero a tenor de lo que he observado en el campo.
Un saludo

El Naturalista dijo...

Sí, Honorio, yo también sospecho eso. Quizá se trate de una capacidad común en las labiadas, e incluso en otras familias. Sin llegar a perder las ramas, muchos arbustos retamoides del mediterráneo pierden las hojas facultativamente en veranos secos.
Saludos naturalistas.

ALEIVE dijo...

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Saludos cordiales.

marcelo dijo...

Se me ha venido a la cabeza aquello de la epigenética, la metalización del ADN. Lo recordé sobre un artículo sobre ese tema de Carlos Herrera.

Saludos y gracias por los temas que desarrollas.

El Naturalista dijo...

Saludos, marcelo; bienvenido a esta parcela.

Hexo, ya te he respondido, como habrás visto ya.

Alejandro, de momento no me planteo ponerle publicidad al blog, está hecho con otros objetivos.

Saludos naturalistas