09 agosto 2011

La red de la bastarda


Al amanecer, sobre la carretera, una culebra permanecía quieta sobre el asfalto. Parecía otra serpiente atropellada más, pero cuando me acerqué alzó la cabeza y empezó a sisear amenazadoramente, mientras ensanchaba el cuello al estilo de las cobras y se agitaba como dispuesta a ejercer de un mordisco una agresividad difícil de ver en otras serpientes. Recordé aquellas fantásticas historias de cazadores en las que una de estas grandes culebras bastardas occidentales (Malopolon monspessulanus), tan ancha como un brazo, acorralaba con esta exhibición a un hombre desarmado, irguiéndose hasta la altura del pecho y amedrentándolo con espantosos silbidos y latigazos de su cola. Con todo, las bastardas son poco mordedoras si las comparamos con la culebra de escalera, Rhinechis scalarisy el mordisco de una bastarda no resulta especialmente peligroso: cuenta Valverde que le mordió un adulto de metro y medio, clavando bien incluso los dientes venenosos del fondo de la boca, tras lo cual sólo notó, a las dos horas, "ligero hormigueo y torpor en el brazo y leve inflamación de ganglios axilares."

Esta serpiente, la mayor culebra de Europa, puede superar los 2,5 m y prospera en los cultivos, pedregales y eriales del oeste de la cuenca mediterránea (la bastarda del este es considerada por muchos como otra especie, Malpolon insignitus). De joven, la culebra bastarda caza sobre todo insectos, después basa su dieta en reptiles, incluyendo ejemplares de su misma especie, y los ejemplares viejos, de hasta 25 años, cazan muchos lagartos, culebras y algún gazapo ocasional, para lo cual parece ser que se deslizan por las conejeras (ver dibujo). Por ser depredador de reptiles, que a su vez depredan sobre insectos y vertebrados, la bastarda ocupa el papel de superpredador dentro de la comunidad reptiliana del ecosistema, un conjunto de especies cuyas relaciones alimentarias más habituales, en animales adultos, podrían esquematizarse así:


Como puede verse, todos los caminos conducen... a la bastarda. En el diagrama, sólo ella y el lagarto ocelado actúan como superpredadores de reptiles, es decir, dos de siete especies. Esto refleja una tendencia observada a menudo en la naturaleza: cuanto más avanza uno en la cadena alimentaria (de los vegetales a los herbívoros, de éstos a los predadores y de ahí a los superpredadores), menos especies hay. Suele leerse que el motivo es muy sencillo (y clásico): en cada eslabón de la cadena alimentaria se pierde energía en forma de calor (respiración), de manera que queda menos energía disponible para el siguiente eslabón y por tanto habrá menos especies que puedan ocuparlo. Esta pérdida energética significa que una caloría contenida en la hierba no puede convertirse en una caloría en la carne de un herbívoro, ni ésta en una caloría dentro de un carnívoro. Nos lo dice una de las leyes básicas del universo, el segundo principio de la termodinámica: en toda transferencia de energía la eficacia nunca es del 100%, ya que inevitablemente una parte de la energía se disipa como calor. Este enlace con la física contribuye a darle vigor al argumento, porque realmente sería muy elegante poder explicar el número de especies aludiendo a un principio físico fundamental.

Sin embargo, estas ideas, al menos así expresadas, realmente no explican lo que pretenden aclarar. De acuerdo, en cada eslabón hay menos energía que en el siguiente, pero, ¿por qué eso habría de traducirse en menos especies? La idea de fondo parece ser que al haber menos energía disponible hay menos especies. Por tanto, en los desiertos, o en los polos, lugares donde apenas hay vegetales que inicien la cadena alimentaria, deberíamos encontrar consistentemente menos especies. Y así parece ser, pero entonces, ¿por qué en los desiertos es donde hay más especies de escorpiones, y en los polos de focas, ambos superpredadores? Por no hablar de que donde más especies de marsupiales carnívoros existen es precisamente en pleno desierto australiano. Y ahora veámoslo desde el otro lado: si cuanta más energía más especies puede haber, ¿por qué al abonar un campo, o al llenar de nutrientes un acuario, aumenta la energía que captan las plantas, o algas, pero generalmente el número de especies disminuye? Al margen de todo esto, en realidad resulta que en el mundo hay muchas más especies de insectos herbívoros (eslabón nº 2) que de plantas terrestres (eslabón nº 1). Así que esta idea tan extendida, la de que el número de especies en cada nivel de la red alimentaria está limitado por la energía disponible, tiene mucha más miga y menos verdad de lo que podría parecer a primera vista. La naturaleza, por suerte o por desgracia, no es tan sencilla como a veces nos empeñamos en pintarla...

Datos de la dieta de los reptiles del paraje tomados principalmente de Valverde (1960) Estructura de una comunidad de vertebrados terrestres (gracias, Jesús Dorda, por la referencia), pero también de monografías sobre algunas de las especies incluidas. Más sobre el argumento energético en Rosenzweig (1995) Species diversity in space and time, y en Gaston & Blackburn (2000) Pattern and process in macroecology.

8 comentarios:

Unai, Eibar dijo...

Vaya, me ha resultado muy interesante, gran aporte.

Un saludo!!

Conzález dijo...

Como todas tus entradas, me ha parecido interesantísima. Gracias y sigue contándonos cosas, tan bien contadas, sobre ese pequeño territorio perteneciente al cervantino Campo de Montiel.

F. Ugía dijo...

Estóy con Unai, Eibar y González. Un saludo

El Naturalista dijo...

Unai, González y Ugía, gracias por vuestros comentarios; todavía quedan muchas historias que contar de ese pequeño rincón "casi cervantino". La verdad es que me sorprende, pero cerca ya de las 100 entradas siguen saliendo temas... Un saludo.

RETABLO DE LA VIDA ANTIGUA dijo...

Esta entrada tan interesante me ha recordado alguna historia de culebras de gran tamaño, en concreto en Sierra Morena hacia los años cuarenta y cincuenta. Más que de la longitud siempre he dudado del enorme grosor que, según testigos, por otra parte nada dados a la exageración, podían llegar a tener.

Y su blog me parece interesantísimo. Ya sabe usted que tiene un nuevo lector y seguidor.

Saludos.

Jesús Dorda dijo...

¡Qué bonitos los esquemas de Valverde! Lo que habrá inspirado a naturalistas y científicos, incluido Félix R. de la F.
Otro asunto es que forcemos los esquemas a nuestra manera de entender la naturaleza, que puede no ser la correcta, pero nos ayuda a acercarnos a la verdad.

El Naturalista dijo...

Retablo de la vida antigua, bienvenido a este monte, y sobre esas historias de culebras, bueno, si quieres contarnos alguna por aquí, o via e-mail (derecha), seguro que será interesante, podríamos comparar con las que se cuentan historias de culebras que me parecen exageradas contadas por gente de la que me fío bastante. Saludos naturalistas.

El Naturalista dijo...

Sí, Jesús, esos esquemitas son de lo mejor del libro que me descubriste, eso y los relatos de historia natural de carnívoros y rapaces. Para evitar ese asunto que comentas, no hay más remedio que tomar las explicaciones como provisionales, esforzándonos por ver sus pros y sus contras razonadamente. Creo que la ciencia no puede aportarnos nada más grande que esa actitud. Un saludo.