11 diciembre 2010

Los pequeños migradores

Después de las primeras nieves y de las lluvias abundantes que siguieron, por fin vuelve a salir el sol sobre nuestro monte mediterráneo, y ahora todos los pajarillos se afanan aprovechando las horas de buen tiempo para conseguir algo de la comida que no han logrado en estos días de tempestades. Toda la comunidad de aves invernantes está en movimiento: petirrojos y herrerillos trajinan por las copas de las encinas, más arriba de la altura de las ramas por donde se suele ver a las currucas. Los zorzales y las urracas cruzan de un arbusto a otro, bandos de torcaces pasan rápidamente por el cielo, y a lo lejos se oyen gangas, ortegas, mirlos... En esta época incluso los pedregales tienen su propio especialista, el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros, el de esta acuarela es un macho). Cada invierno, dos o tres parejas de colirrojos se instalan provisionalmente en torno a las alineaciones de rocas apiladas que delimitan un antiguo campo de cultivo, abandonado hace décadas e invadido por matorrales, en el borde del ecosistema. Como tantas especies de aves, los colirrojos sólo visitan el paraje en invierno, y se marchan en cuanto despunta la primavera. Lo mismo cabe decir de los reyezuelos, petirrojos, zorzales, escribanos montesinos, pinzones, herrerillos, alondras... Todos ellos tienen algo en común: son pájaros bastante pequeños. En comparación, muchas de las aves que pueden verse todo el año son medianas o grandes, como avutardas, sisones, torcaces, perdices, gangas y ratoneros, por citar unas cuantas especies. Y si lo pensamos tiene toda la lógica del mundo, porque, al igual que los más propensos a padecer el frío son los niños pequeños, las aves más menudas resultan mucho más vulnerables a las heladas que las de mayor tamaño. Un ser vivo pequeño tiene mucha superficie corporal comparada con su peso, y esa elevada relación superficie/volumen hace que pierda más calor que uno grande. Por eso esperaríamos que las aves que vienen a estas tierras huyendo del frío de los inviernos del norte fuesen mayoritariamente pequeñas. Un simple paseo por cualquiera de nuestros montes confirma esta sencilla expectativa, otro ejemplo más de que la naturaleza a menudo es más fácil de entender de lo que parece.

11 comentarios:

Guillermo García-Saúco (W. Elderberry) dijo...

Me ha gustado

Gonzalez dijo...

Me alegro que vuelvas para explicarnos cosas interesantes de la naturaleza de nuestro Campo de Montiel en este "cuasi invierno" que llevamos.Por cierto, que me parece que este colirrojo tizón (vaya apellido tan apropiado) debe ser presa fácil para sus depredadores (si los tuviera)en los inviernos de la comarca, con las madrugadas blancas de escarcha y muchos días nevados.
Un saludo, Naturalista.

El Naturalista dijo...

Guillermo, bienvenido a este monte.

González, sí que puede parecer que el colirrojo tizón sería un "blanco perfecto" para depredadores como el gavilán, por su color sobre los campos blancos. Pero no creo que sea una presa tan fácil, porque, aunque no lo parezca, se camufla muy bien entre los roquedos y es veloz volando. Muchos pajarillos tienen colores muy llamativos, como el carbonero o el petirrojo, y sin embargo no por ello sufren excesiva presión por parte de los depredadores. Yo diría que la capacidad de volar les permite defenderse tan bien que se pueden permitir tener colores vistosos. Saludos, naturalista.

Guillermo García-Saúco (W. Elderberry) dijo...

Hola de nuevo. El blog me encanta.
Hablando de colirrojos en parques, aquí en Albacete he fotografiado colirrojos en el Parque y la verdad, son unas avecillas sorprendentes y la mar de bellas. Me encantan.
Saludos.

El Naturalista dijo...

Sí, suelen verse muchos colirrojos tizones cerca o incluso dentro de los pueblos y ciudades, quizá porque encuentran roquedos artificiales (muros, ruinas) y también porque las calefacciones desprenden cierto calor que hace más llevadero el invierno para estas aves porque disminuye el riesgo de heladas. Saludos naturalistas.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Quizá la única ventaja de ser pequeño, frente al frío, sea que hay más posibilidades de encontrar huecos donde guarecerse, porque se cabe casi en cualquier sitio.
Saludos, Naturalista.

El Naturalista dijo...

Yo también veo en eso la única ventaja posible. Para los pájaros, que difícilmente pueden resguardarse entre roquedos u hojarasca, creo que de poco vale ser pequeño contra el frío, pero quizá esa idea explica el por qué los reptiles de zonas muy frías (alta montaña, norte de Europa) no son especialmente grandes, como las víboras entre las serpientes o las lagartijas entre los saurios. Desde luego en invierno hacen buen uso de refugios en los roquedos. Saludos.

Jesús Dorda dijo...

Su pequeño tamaño y elevado metabolismo les obliga a la búsqueda constante de alimento, en pequeñas cantidades en valor absoluto, pero abundante comparado con su tamaño.
Siempre que se me ha posado en la mano un pájarito doméstico (canario, periquito, etc.), me ha llamado la atención el calor que transmiten por sus patas. Y luego, cuando en las madrugadas invernales veo pájaros posados en los cables eléctricos pienso: "Se las deben estar helando".

Anónimo dijo...

Una desventaja de los petirrojos es su ingenuidad social; vienen de paises donde el trato que les dispensan los humanos es cordial y se confían en exceso en España. He comprobado que algunos, icluso, acuden al alimento que les ofreces, a muy poca distancia.

El Naturalista dijo...

Es verdad, Jesús, los pajarillos son propensos a pasarlo mal en invierno no sólo por su tamaño (alta relación superficie/volumen) sino también por la elevada tasa metabólica que tienen por cada gramo de peso, que los obliga a conseguir mucho alimento. Y al parecer la mayoría de las calorías las gastan generando calor para no helarse, así que todo son problemas para ellos cuando llega el frío. Cuando los veo inquietos buscando de rama en rama, aguantando sin huir a distancias mucho más cortas de mi que en el resto del año, también pienso que se deben estar helando. Saludos, naturalista.

El Naturalista dijo...

No sabía lo de la ingenuidad social de los petirrojos, aunque sí me parecían más confiados que la mayoría de los pájaros. Quizá esto vaya en su carácter, porque en España los petirrojos que he visto en montañas, en verano, también eran confiados. O quizá la escasez de alimento les vuelve menos propensos a huir (gastarían demasiadas calorías si huyeran a la mínima de cambio, y las necesitan para calentarse) en invierno. Pero que sean confiados porque vienen acostumbrados a un trato mejor me parece poco probable, ya que hay tanto trasiego de petirrojos de norte a sur que seguramente cualquier adaptación que desarrollen en este sentido (más confianza) se diluya cuando se reproduzcan con petirrojos de otros lugares más hostiles. Además, ¿realmente es decisiva para ellos la ventaja de ser desconfiados? Quién sabe, podría ser... Un saludo.